lunes, 16 de enero de 2017

La Universidad del siglo XVI

El Siglo de Oro español abarca desde la publicación de la Gramática castellana de Nebrija en 1492, hasta la muerte de Calderón en 1681. Durante esta época se convirtieron en universidades del Imperio, con la Monarquía Hispánica en expansión. Vivero de profesionales de la administración y la política civil y religiosa en la Península, en las Indias y en los territorios hispanos de Europa. Al mismo tiempo, tras los conflictos religiosos de las Reformas, se transforman en bastiones del catolicismo militante, con una proyección internacional que desbordaba sus orígenes peninsulares.2 Desde finales del siglo XVII, un proceso de decadencia universitaria a la vez que social, se irá acentuando hasta el siglo XX. Las tres universidades mayores castellanas de Alcalá, Salamanca y Valladolid adquirieron la categoría de verdaderas universidades de la Monarquía, y actuaron como centros dinámicos de atracción y proyección, atenuando la incidencia de las fuerzas locales. El resto serían denominadas como universidades menores, que atenderían las necesidades culturales y religiosas de entornos locales, y fueron por ello apoyadas por prohombres y notables destacados. Fueron creadas, en su mayoría, por mecenas eclesiásticos, y algunos seculares, que las dotaron con rentas del diezmo, deuda pública o patrimonios personales. Las cátedras lo fueron en número reducido, limitándose a unas cuantas de gramática latina, derecho o medicina, así como de artes liberales y teología en el caso de los conventos. Las facilidades para realizar estudios locales, sin los costes de desplazamiento y estancias, al tiempo que las menores exigencias y mayor facilidad y baratura de los grados, contribuirían a mermar la clientela de las grandes universidades imperiales, sobre todo en los siglos XVII y XVIII.

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